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Quien piense que el territorio que ocupa la Basílica de Guadalupe, al norte de la ciudad de México, es un espacio exclusivamente religioso, debe replantearse con seriedad los alcances de la palabra religión. En efecto, esta palabra apela a sentimientos, afectos, estados de ánimo y conciencia vinculados con la divinidad, pero lo que cualquier curioso observa en la Basílica desborda la relación humano-deidad en cuanto culto, y crea espacio para otras entidades fundamentales para tener completa la ecuación cosmopolítica. Ahí donde los fokloristas y estudiosos del sincretismo observan danzas, tradiciones, costumbres y memorias, los pueblos indígenas de México más bien están acostumbrados a crear condiciones para la presencia activa de diablos, animales, mestizos, muertos, seres del mundo-otro que, sólo cuando están debidamente acreditados en el mismo espacio, aseguran que nadie falta, que nadie sobra, y que la fiesta puede comenzar.
El día 12 de diciembre el atrio parece casi desierto en comparación con el día anterior, saturado de tiendas de campaña, peregrinos, policías, rescatistas de protección civil, curas y monjas, etc. El día 11 aparecen grupos de peregrinos que provienen de diversas partes del centro de México, especialmente Puebla, estado de México y de muchas colonias populares de la misma ciudad. A medianoche las “mañanitas” son entonadas por cientos de miles de personas que acompañan al artista del momento, que acredita su fe al tiempo de asegurar su fama popular. Pero el día 12 muchos de estos peregrinos están de vuelta a casa o de camino a ella, y el día 12 el atrio se convierte en una plancha en la que destacan las danzas de concheros y de tradición mexica, cuyos tambores saturan el paisaje sonoro, no siempre con gusto ni armonía. Pero sin duda el día 12 es el día elegido por los pueblos nahuas de Acatlán y Zitlala, ambos del estado de Guerrero, quienes llegan provistos de máscaras, bandas de música, trapecios y comida para escenificar las danzas de chivos, maromeros y mecos. Cerca de ellos, se instalan los diablos de Cuajinicuilapa, de la costa chica del mismo estado. Las máscaras y la armónica, los gritos y las coreografías, los giros y rituales dentro de cada espacio, sin embargo, se suman a las infinitas posibilidades que hay dentro del atrio mismo: este año encontré a mi colega etnóloga Eva Luna quien, acompañada de varios chicos, levantaban la bandera de Palestina, clamando por el cese del genocidio en aquella castigada región del Medio Oriente. Pero también encontramos (caminé todo el día lado a lado con mi hija Carla Guadalupe, quien celebrada además su santo) a un grupo de invidentes caminando en fila y disfrutando del ambiente festivo, así como a una artista de la acuarela quien, sentadita frente a sus instrumentos, delineaba el paisaje de una apacible y hermosa tarde otoñal. Nos encontramos con turistas polacos, ingleses y coreanos. Escuchamos diálogos en p’urépecha, nahua, amuzgo, mazahua, otomí, pero también en ruso y alemán. Igualmente registramos los gritos de la muerte y los rugidos del diablo, los balidos de los chivos y las alabanzas de los emplumados. Fue un día de máscaras y palabras, de protestas y alusiones a la justicia. Fue un día, sin duda, donde la palabra religión queda pequeña para un atrio donde todos, todas, todes, tienen la palabra, la voz y la memoria… Foto y texto: Carlos Dávila
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A 1126 metros sobre el nivel del mar se encuentra la cabecera municipal de Alto Lucero Veracruz, donde se llevó a cabo la fiesta patronal en honor a Cristo Rey. Como en muchos otros festejos patronales, se realizan cabalgatas, bailes populares, elección de reinas y reyes y a la madrina de la Corona para Cristo Rey. Cada comunidad y municipio celebra a su manera, creando una diversidad muy interesante que en ocasiones se puede notar en comunidades que están incluso dentro del mismo municipio, en Alto Lucero no se coloca un arco floral en la iglesia, algo que vemos comúnmente en otros pueblos montañosos de la zona centro del Estado; de igual manera nos encontramos con la longitud de los tapetes de aserrín, donde en otros lugares suelen ser de kilómetros; las imágenes en las puertas y fachadas de algunas casas no se hicieron esperar, encontrando algunos incluso en las azoteas de las casas. En Alto Lucero se elabora un “castillo pirotécnico”, brindando un juego de pirotecnia y luz para todos los visitantes, no como en otros lugares donde se estilan los llamados “toritos”. El pasado domingo 24 de noviembre visitamos la parroquia de Cristo Rey, donde se recibió la procesión que transportaba la Corona, de manos de la madrina y su familia, lamentablemente no pudimos quedarnos a disfrutar más de las celebraciones y bendición del tapete de aserrín, pero lo que alcanzamos a disfrutar fue más que suficiente para sentir la calidez y amabilidad de la gente de Alto Lucero. Al final lo más importante es la devoción que se tiene y el gusto por las celebraciones, así como las mismas diferenciaciones entre los pueblos que, crean un ambiente de diversidad, teniendo diversos espectáculos y actividades para todos los gustos, esperamos el próximo año volver a visitarles y ampliar nuestro registro. Foto y texto: Jesús Tenorio. Sigue su trabajo en sus redes sociales: Encuentra más de nuestro trabajo en nuestras redes sociales:
Zozocolco de Hidalgo fue nombrado Pueblo Mágico en 2015 en parte por un festival relacionado con la elaboración de globos con papel china de hasta 20m de altura, que reúnen participaciones nacionales e internacional, no solo en los visitantes, sino en los equipos de diseñadores de diversos estilos de globos que son calificados y premiados por el comité organizador. Tuvimos oportunidad de platicar con Sebastián Ruíz, un joven colombiano que participa con su equipo por tercera ocasión en Zozocolco y por 5ª en festivales mexicanos relacionados con el diseño y elevación de globos de papel china. El proyecto actual lo realiza en colaboración con María su novia, con quien tiene un grupo llamado “Tradición inolvidable”; demoraron poco más de mes y medio en la elaboración del globo inspirado en el arte samuray, el cual tenía como elemento sorpresa una bandera, diseño de Nico Franco, otro miembro del colectivo que tardo aproximadamente dos semanas en la elaboración de la misma y poco más de 2,000 pliegos de papel, así como estructuras que deben ser construidas con materiales resistentes para que soporten cierto peso pero lo suficientemente ligeros para elevarse, al menos 2 minutos para ser calificados y muchos más para que todos los visitantes aprecien su partida. El año pasado durante el 11° Festival Internacional de Globos de Papel de China en Zozocolco, se registró una afluencia aproximada de 35 mil personas y una derrama económica de más de 20 millones de pesos, los datos del presente año aún no se tienen pero se espera hayan sido superados, de igual manera la cantidad de globos siempre aumenta, según comentarios de los visitantes, solo el día sábado se elevaron poco más de 200 globos entre los que participan en las diferentes categorías, los de exhibición y de cantoya que se elevan por la noche en la llamada “lluvia de estrellas”. Situado en el corazón del Totonacapan, Zozocolco es un Pueblo Mágico que vale la pena conocer a pesar de la distancia aunque se encuentra rodeado de diversos lugares que se pueden visitar ya no solo de Veracruz sino del estado de Puebla. Foto y texto: Jesús Tenorio. Sigue su trabajo en sus redes sociales: Siguenos en nuestras redes sociales y conoce mas de ETHNOS:
Coatepec, Veracruz. El primero de noviembre se llevó acabo la bajada de arcos en dedicación a la Santa Muerte, después de varios festejos en su honor, se culminan con la ofrenda de los arcos florales que se llevaron hasta la entrada del panteón municipal. Cómo es costumbre se hace un altar, dónde sus devotos llegan a dar las gracias por otro año en el que fueron dichosos de los milagros que les concede la "Niña blanca". Desde chicos hasta grandes son los que van a pagar su manda y a disfrutar de la fiesta. "Hay que agradecer que sigo vivo y que mi niña me permite seguir con los míos". Me dijo un señor que, después de un grave accidente se acercó a ella para que le concediera el milagro de recuperarse y desde entonces le es devoto a la Santa. Para llegar al campo santo se hace un recorrido en el cuál se puede escuchar música en dedicación a la festejada, carros llenos de flores y con hasta 4 o más santa de diferentes tamaños, toritos, gente bailando y sobre todo la alegría de poder cumplir con lo que llegaron a prometer. En esta celebración no hay prejuicios, pues me mencionaban que ellos no son nadie para juzgar a la gente por sus creencias, así mismo, que en esta vida lo único asegurado que tenemos es la muerte, que hay que estar en paz con la niña blanca para poder irse en algún momento de este plano con tranquilidad. Foto y texto: Betzabé Martínez Ibarra. Sigue su trabajo en su cuenta de Instagram: Siguenos en nuestras redes sociales y conoce más de ETHNOS:
A pocos kilómetros de la ciudad de Xalapa, se encuentra la comunidad de San Pablo Coapan perteneciente al municipio de Naolinco de Victoria, Ver., un lugar que se ha dado a conocer en los últimos años por los sembradíos de la flor de Cempasúchil (Tagetes erecta), que se usa en las fiestas de “los fieles difuntos” o los “días de muertos” en México. Platicando con don Víctor Rivero Lara, un campesino de la localidad que renta la tierra para sembrar diversos productos, comenta que es muy bonito que la gente vaya a ver los campos con la flor cerca de su corte pero que deberían conocer también el trabajo que se realiza desde su siembra durante el mes de julio: “Ojala vinieran a tomarse foto con el maíz y la papa también" - comenta entre risas, el presente año incorporaron el girasol, dándole una opción más al visitante para hacerse fotos entre ambas flores. En estas tierras en las que siembran la “flor de muertos”, una vez terminado su corte, se prepara para sembrar maíz y si baja lo suficiente la temperatura, papa. Llegado el mes de julio deben tener todo listo incluida la semilla de la flor, la cual extraen directamente de algunas flores que seleccionan de la cosecha actual, la lavan, secan y almacenan para que, llegado el mes de julio tengan todo listo para la una nueva temporada de fotos entre flores de cempasúchil y posiblemente más girasoles. En los últimos años, el municipio de Naolinco fue nombrado Pueblo Mágico y ha dado impulso a diversas fiestas que no solo se encuentran dentro de la cabecera municipal, tales son el caso del carnaval afromestizo de Almolonga y El espinal, y ahora el festival de la flor de cempasúchil en San Pablo Coapan, creando una diversidad de atractivos turísticos en diferentes épocas del año. Fotos y texto: Jesús Tenorio Simón. Sigue su trabajo en su cuenta de Instagram Síguenos en nuestras redes sociales
En Coatepec, Veracruz se lleva a cabo la celebración en honor a San Jerónimo, entre bailes, los gritos de pequeños y grandes quienes cargaban los arcos, la devoción de los feligreses y la alegría de los espectadores se llevó a cabo la tan esperada "bajada de arcos". Como cada año no se hizo esperar que los participantes que cargan los arcos gritaran "queremos agua" o "avienten agua" para poderse refrescar del gran peso de los arcos y, como ya es costumbre los vecinos en diferentes maneras ya fuera con cubetas o con mangueras hacían caso de la petición, asimismo se podía ver como desde azoteas, ventanas, balcones o desde la misma calle se les aventara el agua o bien, confeti. Teniendo fin la celebración en la puesta del arco mayor en la catedral del pueblo mágico. Un año más se pudo observar la gran participación de la gente, y aunque hubiera problemas climáticos o demás, la gente siempre encontraba la buena actitud para seguir con la celebración. Foto y texto: Betzabé Martínez Ibarra. Sigue su trabajo en su cuenta de Instagram: El 26 de septiembre de este año de gracia de 2024, asistí puntualmente a la marcha que conmemoró el décimo aniversario de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero. El ambiente de la marcha oscilaba entre la algarabía más honesta por tomar nuevamente la calle y una indignación que costaba trabajo traducir sin ayuda de consignas, gritos de rabia, o silencios muy poderosos. Universitarios, sindicalistas, familiares de otros desaparecidos, miembros de ONG’s defensoras de derechos humanos y centenas de fotógrafos y periodistas, coincidían sobre el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México para demostrar su solidaridad con los padres y madres de los alumnos. “Creo que es la marcha más fotografiada”, le dije a mi amiga Cristina quien batallaba para librarse de los empujones de los fotógrafos que necesitaban el mejor ángulo para reportar a sus medios. También había mucha gente que no necesitaba, demandaba o batallaba por la mejor imagen, simplemente caminaba con su paraguas y su cartel, sabiendo que la multitud indignada se nutre más de la caminata modesta que de la estridencia sonora. En esta ocasión, me concentré menos en el tumulto que acompañaba a los padres y me dirigí con la cámara a las y los estudiantes de las Normales Rurales, “masculinas o femeninas” (tal es la distinción que siguen existiendo entre estas escuelas), que acompañaban la marcha. Los contingentes de las Normales de Mactumactzá, Chiapas; Tiripetío, Michoacán; San Marcos, Zacatecas; Tiripetío, Michoacán, Amilcingo, Morelos, entre otras, eran el contingente más ordenado que avanzaba inmediatamente después de las y los padres de los 43. Cargando sus ataúdes de madera, sus mantas con las imágenes del profesor Lucio Cabañas, gritando sus consignas que repetían artículos de la Constitución -a manera de forma nemotécnica que facilita su memorización-, muchas y muchos de estos normalistas no rebasaban los 20 años, lo que significa que cuando sucedió la noche negra del 26de septiembre de 2014, apenas rondaban los 10 años y con toda seguridad estaban aún en la escuela primaria. En el 2024, muchas y muchos de ellos estaban en la ciudad de México por vez primera y durante la marcha no dudaban en transmitir en vivo, mediante sus teléfonos móviles, el paso de la marcha por lugares emblemáticos y además, cercados mediante altas vallas de acero (Bellas Artes, el Hemiciclo a Juárez, etc.). La mayoría de aquellos y aquellas con quienes pude platicar, me dijeron que la única forma de salir de sus pueblos sin ingresar al narco sólo era posible de dos formas: a) marcharse a Estados Unidos a trabajar en lo que se pueda, o b) ingresar a la Normal Rural para formarse como maestra, maestro. Hablaban con cansancio, pues el viaje desde sus estados no había sido ni fácil ni cómodo; estaban alerta de no hablar con policías o con gente sospechosa. No necesariamente eran amables al principio, pero hacían el mayor esfuerzo cuando gritaban “el maestro/protestando/también está enseñando….”. ¡Qué daría porque mis maestras, maestros, fueran estos niños que saben que su destino será siempre provocar pensamiento libertario, a pesar de los pesares….! La lucha, sin duda, seguirá viva. Foto y texto: Carlos Dávila. Sigue su trabajo en su cuenta de Instagram Nuestras redes sociales
Fernanda fue hoy, lunes 16 de septiembre del año 2024, muy temprano a la zona cero, al corazón del pueblo de San Luis Ayucan, donde el viernes 14 de septiembre una fuerte tormenta provocó el desprendimiento de varias rocas que se encuentran en lo más alto del cerro de las Peñas, cuyo nombre en otomí han olvidado los pobladores. Otros parajes en la antigua lengua, en cambio, sí se mantienen vigentes, como Dangú, Ensidó, Monfi y Endónikha, y que refieren a sitios sagrados del mundo otomí de la Sierra de las Cruces y Montealto, en el Estado de México. Fernanda no fue sola. La acompañaban su padre, su hermana y el novio de esta última. “Llevo tres días sin poder acercarme. Ya no aguanté más y le pedí a mi papá que me trajera, pero él tenía miedo porque sigue lloviendo y hay mucho peligro”. Fernanda ubicó entre el lodo algunos objetos que reconoció como regalos que había dado a su chico, y entré en crisis. Un par de horas después, gracias al trabajo en equipo de la Marina, Guardia Nacional, Ejército y Protección Civil, un trascabo pudo horadar los escombros y dar con los cuerpos que llevaban ya tres días sin poder ser rescatados. Obviamente, Fernanda se derrumbó. Física y emocionalmente. Pero no es la única… …Un día antes, la comunidad de San Luis Ayucan ya había recibido las malas noticias del fallecimiento de otras siete personas que no pudieron salir a tiempo de sus viviendas esa noche fatídica, previa a los festejos patrios, incluidos una bebé de tres meses y un niño de siete. El pueblo se encuentra al pie de dos de los cerros más altos de la Sierra de las Cruces y Montealto, y la atípica temporada de lluvias de este año ha sido especialmente violenta con Jilotzingo. Incluso, mientras escribo esta breve nota, las redes sociales informan que nuevamente hay desgajamientos de otras laderas y que se han ya reportado la sepultura de al menos dos vehículos. Un usuario de la red social Facebook del sitio Jilotzingo Libre 3.0 comenta “estamos atrapados por la naturaleza”. Y es que esta primavera, estos pueblos también fueron noticia por la situación contraria a la que hoy padecen: la sequía fue especialmente severa en estos montes, lo que propició que entre marzo y mayo varios cientos de hectáreas de bosque fueran arrasadas por los inclementes incendios que afectaron a casi todo el país. ¿Qué sucede ahora con este péndulo climático que azota a los pueblos del poniente de la ciudad de México? Se sabe de derrumbes, deslaves e inundaciones en un amplio radio de municipios del Estado de México, desde Toluca hasta Ecatepec. Y la ciudad de México tampoco parece estar a salvo de estos desastres que están muy lejos de ser “naturales”. Fernanda es una más de las dolientes de una comunidad que aún no sale de su asombro y consternación. Un comentario aparte merece todo el personal interinstitucional que presta sus servicios en esta labor de búsqueda, rescate y reorganización. También es justo decir que la comunidad se ha volcado para apoyar el albergue parroquial que funciona noche y día. Una voluntaria parroquial me dijo: “nos unimos para defender al bosque de los incendios, y nos unimos para cuidar a la gente sin casa. No estamos solos: nos tenemos como vecinos”. Sus palabras aún resuenan en mi cabeza como espada de esperanza. Foto y texto : Carlos Dávila. Sigue su trabajo en su cuenta de Instagram: Siguenos en nuestras redes sociales:
Tabasco, México. Desde las 4 de la mañana se escuchan algunos motores de lancha que comienzan a surcar las olas de la playa para echar las últimas redes de la temporada. Las plataformas petroleras se observan en el horizonte mermando considerablemente la pesca, pero, aun así, algunos cuantos hombres de mar se arriesgan a acercarse para poder vender en el mercado o quedarse algunos kilos para su propio consumo. Sin embargo, algo que llama la atención aparte del romanticismo de la vida costera, son las decenas de estructuras que yacen incrustadas en la arena de la Playa Bosque, uno de los primeros lugares en México que han quedado bajo el agua debido a los estragos del cambio climático que de a poco amenaza a toda la zona. Todo comenzó hace unos años, cuando la marea comenzó a invadir algunos patios de las viviendas y poco a poco el agua llegó a niveles insospechados llevándose consigo construcciones enteras que se convirtieron en sitios inhabitables y que obligaron a los residentes a desplazarse a sitios más seguros, perdiendo la vivienda y en muchos casos su trabajo , ya que al ser una comunidad playera, muchos habitantes se dedicaban al turismo. La zona es continuamente azotada por ciclones, temporales, tormentas y huracanes, por lo que existe un riesgo latente para todos aquellos que se instalaron en ese espacio, donde en su tiempo hubo un mercado, baños puvlicos para los bañistas, restaurantes, palapas y hasta escuelas con vista a la playa de los cuales hoy solo quedan ruinas llenas de salitre y fierros oxidados y vandalizados. Aún hoy existen pobladores que se han negado a abandonar el sitio que ha sido su hogar durante muchos años. No tienen recursos para irse de ahí y prefieren vivir de la pesca y de vender productos para los pescadores de toda la zona costera que arriban a su playa para abastecerse de combustible o para iniciar su jornada. Por ahora la población espera que el mar por lo menos les dé un poco de tiempo antes de ahogar su hogar. Foto y texto: Héctor AD Quintanar. Sigue su trabajo en sus redes sociales. Desde hace años, he documentado el papel de las infancias en los trabajos ceremoniales de las comunidades indígenas en varias regiones de América Latina. Especialmente, este verano me sorprendió enormemente el entusiasmo con el que niños y niñas se tomaban muy en serio sus papeles como danzantes, voladores, enmascarados, músicos en las ceremonias de petición de lluvia, en rituales de costumbre, en fiestas patronales y en peregrinaciones. Y es que, como sabemos, los rituales son “trabajo” que los seres humanos efectúan en favor de los seres del mundo-otro como reciprocidad por recibir vida, fuerza, lluvia, maíz. “Nosotros somos los trabajadores, los peones de los dioses”, repiten los especialistas rituales otomíes del Estado de México. “Trabajamos duro junto con los dioses y los difuntos para que haya vida en este mundo”, confirman los sabios nahuas del Estado de Morelos. Y así, más que “fiestas” o “tradiciones”, los elaborados sistemas ceremoniales indígenas son trabajos que se llevan a cabo para agasajar, mantener, sustentar y agradecer. Y esto implica que la comunidad entera -incluidos los niños- deban entregar sudor, esfuerzo, cansancio y fe. A diferencia del mundo blanco o mestizo, donde los niños aprenden “folklore mexicano” en sus escuelas primaras, y preparan bailables que pretenden reconocer “nuestras tradiciones”, en muchas regiones del México profundo los niños, más que aprender una coreografía, más bien aprenden el valor del desgaste de sus propios cuerpos como un aporte indispensable para que la comunidad entera muestre respeto a sus patronos. Portar una máscara, como en Guerrero, los convierte en jaguares o ancestros; en la sierra norte de Puebla, colgarse alas y espada los torna en ángeles que saben combatir al demonio. En el carnaval se suman al ejército del diablo pero en tiempo de lluvias, como en el caso de Huixquilucan, se convierten en las mazorcas tiernas del maíz. En las noches del costumbre, en la Huasteca, sus maracas y coronas evocan la lluvia y al arcoíris, y así, con su energía y fuerza vital, sus cuerpos se congregan en torno a los músicos de flauta, de tambor o de trío de cuerdas. Si bien el tema del trabajo infantil se suele entender desde el contexto de la explotación y la violencia, en las comunidades indígenas los niños saben que su trabajo en la milpa, en la recolección de leña o en el acarreo de agua, no es negociable: eso los vuelve parte de una familia que suma esfuerzos para vivir. Con las danzas y rituales pasa exactamente lo mismo: los niños, dice la gente, “están nuevos”, son fuertes y ágiles, sonríen y no temen al palo volador o a danzar horas y horas. Es impresionante la importancia que se concede a las infancias en la vida ritual, y el enorme respeto con que se les cuida, anima y consolida como seres humanos de pleno derecho. Su arte no está hecho para el escenario, sino para la reproducción de la vida, de la comunidad, y del mundo entero. Y si bien muchos de ellos migrarán desde sus pueblos hacia las ciudades o a Estados Unidos, lo cierto es que su trabajo ya está hecho: ya tienen enterrado el ombligo en el corazón de sus pueblos, donde serán tomados en cuenta a la hora de pedir trabajo y protección cuando llegue el momento. Texto y foto: Carlos Arturo Hérnandez Dávila. Sigue su trabajo en su cuenta de Instagram: Nuestras redes sociales
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